
Washington — El líder demócrata del Senado, Chuck Schumer, dijo el miércoles por la mañana que confía en ser reelegido líder de la mayoría cuando los demócratas retomen el control de la cámara en enero de 2027, restando importancia a la oposición pública de varios senadores demócratas entrantes que han dicho que no lo apoyarían para seguir en el cargo.
Schumer habló con la prensa mientras su partido asimilaba su victoria del martes, en la que los demócratas ganaron al menos siete escaños para lograr una mayoría de 54. El resultado le devolverá la oficina de líder de la mayoría que ocupó entre 2021 y 2025, cuando los republicanos recuperaron el control de la cámara.
"Este tema no soy yo. Seré reelegido líder de la mayoría. Pero el tema es concentrarse en el pueblo estadounidense y en lo que quiere", dijo Schumer, proyectando confianza y presentándose como reivindicado por una noche electoral que superó incluso las previsiones demócratas más optimistas.
Las declaraciones llegaron el miércoles por la mañana, horas después de que quedara clara la victoria demócrata. Los demócratas necesitaban cuatro escaños netos para retomar el Senado y ganaron al menos siete, una mayoría de 54 en una cámara de 100. El resultado, junto con la toma de la Cámara, puso fin al control republicano unificado de Washington.
Pero la celebración tuvo un trasfondo incómodo. Durante la campaña, varios senadores entrantes dijeron públicamente que no apoyarían su continuidad, lo que refleja la frustración de parte del ala izquierda y de los miembros más nuevos con su estilo prudente. Peggy Flanagan, de Minnesota, y Abdul El-Sayed, de Michigan, estuvieron entre quienes dijeron que votarían en su contra.
Schumer no nombró a sus críticos el miércoles ni respondió directamente a sus argumentos. En cambio, insistió en que la cuestión del liderazgo estaba resuelta y trató de llevar la conversación hacia la agenda futura, argumentando que los votantes habían premiado a los demócratas por centrarse en el costo de vida, la salud y las normas democráticas, en lugar de en disputas internas del partido.
Schumer, de 75 años, lidera a los demócratas del Senado desde 2017 y fue líder de la mayoría entre 2021 y 2025. En ese cargo impulsó leyes importantes con un Senado empatado 50-50, incluida la ley de infraestructura y la Ley de Reducción de la Inflación.
Su gestión también ha generado críticas desde la izquierda, que lo acusa de avanzar demasiado despacio y ceder demasiado a los republicanos. Esas tensiones estallaron repetidamente durante los años de Trump, por la financiación, las nominaciones judiciales y las reglas electorales.
La elección formal se celebrará cuando se instale el nuevo Congreso el 3 de enero de 2027. Los demócratas elegirán a su líder a puerta cerrada, y el ganador fijará el calendario legislativo, controlará qué proyectos llegan al pleno y liderará las negociaciones con la Cámara y la Casa Blanca.
Ese poder es considerable incluso en un gobierno dividido. Un líder demócrata puede bloquear leyes, forzar votaciones y controlar la confirmación de nominaciones judiciales o ejecutivas. Con 54 escaños, Schumer o su sucesor tendrían más margen que en el Senado 50-50 de 2021, aunque lejos de los 60 votos para romper un obstruccionismo.
Si la oposición pública se traducirá en votos contra Schumer en la votación secreta sigue sin estar claro, aunque la disidencia pública sugiere un deseo genuino de un cambio de estilo entre algunos miembros nuevos.
El mensaje central de Schumer el miércoles fue la disciplina. "Este tema no soy yo", dijo. "Seré reelegido líder de la mayoría. Pero el tema es concentrarse en el pueblo estadounidense y en lo que quiere". La frase buscaba lograr dos cosas a la vez: proyectar inevitabilidad sobre su propia posición y redirigir la atención hacia los temas que los demócratas creen que les dieron la victoria.
Sus críticos han planteado la cuestión de otra manera. Flanagan y El-Sayed, ambos elegidos el martes, habían dicho durante la campaña que no apoyarían la continuidad de Schumer al frente del partido en la cámara. Su posición refleja un argumento más amplio de los demócratas más nuevos: que el partido necesita un liderazgo más confrontativo después de años en los que, en su opinión, la prudencia produjo pocos resultados.
La pelea importa porque definirá cómo usan los demócratas su nueva mayoría. Un líder negociador produciría un Senado muy distinto de uno confrontativo. La elección afectará la fecha límite de financiación del 11 de diciembre, la pelea por el techo de deuda de 2027 y las investigaciones a la administración Trump.
También importa para el presidente: Trump, que conserva el poder de veto, deberá negociar con un Senado demócrata sobre financiación y nominaciones.
En las próximas semanas, los demócratas del Senado celebrarán sus elecciones de liderazgo, con la votación formal prevista antes de que se instale el nuevo Congreso el 3 de enero. Los aliados de Schumer trabajarán para asegurar apoyos, mientras que cualquier aspirante —si surge uno— debería armar una coalición rápidamente. Hasta ahora, ningún senador ha anunciado formalmente un desafío a Schumer.
Más allá de la votación, la nueva mayoría enfrenta pruebas inmediatas: la fecha límite de financiación del 11 de diciembre y las confirmaciones judiciales pendientes antes de Navidad.
Schumer dice que confía en ser reelegido, pero la votación formal se realiza en el grupo demócrata antes de que se instale el nuevo Congreso el 3 de enero de 2027.
Algunos senadores entrantes, como Peggy Flanagan y Abdul El-Sayed, han dicho que quieren un cambio en el estilo de liderazgo y un enfoque más confrontativo.
Los demócratas ganaron al menos siete escaños el martes, lo que les da una mayoría de 54 escaños en un Senado de 100.
El nuevo Congreso se instala el 3 de enero de 2027, cuando el líder de la mayoría asume formalmente el cargo.
El líder de la mayoría fija el calendario legislativo del Senado, controla qué proyectos llegan al pleno y lidera las negociaciones con la Cámara y la Casa Blanca.
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