
Washington, D.C. — Los demócratas salieron de las elecciones de medio mandato de 2026 con el control de ambas cámaras y una voz más fuerte en materia comercial, pero la derogación de los aranceles de Trump sigue fuera de su alcance, según dijeron expertos a Reuters el miércoles 4 de noviembre de 2026. Pueden investigar y marcar el debate, pero no pueden poner fin a los aranceles del presidente Donald Trump sin votos republicanos, ni superar un veto presidencial.
El resultado es un cambio brusco de tono, pero todavía no un cambio de política. Los demócratas podrán examinar las exenciones, los costes para las pequeñas empresas y la base legal de los gravámenes, pero derogarlos exigiría un apoyo bipartidista que las elecciones no entregaron.
Reuters informó el 4 de noviembre que la victoria demócrata da al partido una plataforma mayor para examinar las políticas comerciales del presidente, pero lo deja en gran medida incapaz de anular su veto a las derogaciones o de revocar las autoridades que las sustentan.
Esa distinción importa. Con al menos 235 escaños en la Cámara y 54 en el Senado proyectados, los demócratas controlan la agenda y las audiencias, pero no una mayoría a prueba de veto. Se espera que el presidente Trump siga adelante con nuevos gravámenes bajo investigaciones abiertas de la Sección 301 que podrían afectar a China, India, Vietnam y más de una docena de otros socios.
La disputa actual es posible porque el Congreso, durante décadas, delegó amplias facultades comerciales en el poder ejecutivo. Los presidentes pueden imponer gravámenes bajo normas sobre seguridad nacional, prácticas desleales y emergencias, a menudo sin una nueva votación del Congreso para cada medida.
Los demócratas han señalado la Sección 338 de la Ley Arancelaria de 1930, una disposición de casi un siglo nunca antes usada como base de gravámenes punitivos generalizados. Se ha empleado para las importaciones canadienses, y los demócratas sostienen que nunca se pensó para aranceles de esta magnitud. Revocarla exige la firma del presidente o una mayoría a prueba de veto.
La aritmética explica el escepticismo. Para derogar los aranceles pese a la oposición presidencial, los demócratas necesitarían 60 votos en el Senado para superar el filibusterismo y luego 67 senadores y 290 representantes para anular un veto. Con 54 escaños proyectados, necesitarían al menos seis senadores republicanos para lo primero y trece para lo segundo.
La Casa Blanca no ha dado señales de suavizar su postura, tras defender los gravámenes como esenciales para su estrategia económica. Un proyecto aprobado solo con votos demócratas funcionaría sobre todo como una declaración de intenciones, más que como una ley vigente. El Congreso puede obligar a testificar a los funcionarios y exigir documentos sobre las exenciones, pero sin ayuda republicana no puede simplemente apagar los aranceles.
El representante Richard Neal, que se espera que regrese como presidente del Comité de Medios y Arbitrios, dijo que los demócratas elaborarían una agenda para contener los costes. Ese comité, con jurisdicción sobre el comercio, convierte a Neal en una figura central en lo que venga.
Los expertos citados por Reuters fueron directos: el cambio da a los demócratas una plataforma mayor, pero es muy improbable que cambie de forma significativa la política arancelaria mientras el presidente conserve el veto. La administración sostiene que los gravámenes protegen a los productores y presionan a los socios comerciales, una afirmación que los demócratas pondrán a prueba en audiencias sobre las exenciones.
Para los hogares estadounidenses, la pregunta es si los precios se aliviarán. Los aranceles se incorporan al coste de los bienes importados y las empresas los citan repetidamente en sus decisiones de precios. Si la supervisión expone exenciones desiguales, la presión sobre la Casa Blanca podría crecer incluso si la ley no cambia.
El nuevo Congreso se constituirá en enero de 2027 y se espera una supervisión comercial rápida, con audiencias del Comité de Medios y Arbitrios sobre costes, exenciones y autoridades legales, junto con proyectos para revocar la Sección 338. Esos proyectos podrían aprobarse en la Cámara, pero su camino en el Senado — y frente a un veto — será la verdadera prueba.
Mientras tanto, las investigaciones de la Sección 301 continuarán y podrían anunciarse nuevos gravámenes incluso mientras el Congreso debate la derogación. Las empresas deben prepararse para un periodo en que la política arancelaria cambie bruscamente, mientras los aranceles mismos permanezcan vigentes.
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No por sí solos. Necesitarían 60 votos en el Senado para superar el filibusterismo y una mayoría de dos tercios en ambas cámaras para anular un veto presidencial, cifras que no alcanzan sin apoyo republicano.
Es una autoridad comercial de casi un siglo que, según los demócratas, nunca antes se había usado para imponer gravámenes punitivos generalizados, incluidos los aplicados a las importaciones canadienses. Revocarla exige la firma del presidente o una mayoría a prueba de veto.
Las proyecciones de Reuters sitúan a los demócratas en al menos 235 escaños en la Cámara y 54 en el Senado, con hasta dos escaños senatoriales pendientes de Misisipi y Alaska.
Pueden celebrar audiencias de supervisión, exigir documentos sobre las exenciones concedidas a grandes empresas, examinar los efectos en las pequeñas empresas y usar el calendario legislativo para presionar a la administración sobre los costes para los hogares.
Sí. Se espera que la administración impulse nuevos gravámenes bajo investigaciones abiertas de la Sección 301 que podrían afectar a China, India, Vietnam y más de una docena de otros socios comerciales.