
Unas 575.000 personas se manifestaron en toda Francia el jueves 5 de noviembre de 2026, en la mayor jornada de protestas desde que comenzó la ola de malestar en septiembre, según las estimaciones del gobierno. Las marchas coincidieron con una huelga nacional y llenaron las calles de París y de ciudades de todo el país, en el último y mayor estallido de un movimiento que no muestra señales de apagarse.
Sindicatos, grupos de estudiantes y chalecos amarillos se movilizaron en toda Francia el jueves para una jornada nacional de acción, con marchas en París y en ciudades de todo el país. El gobierno había desplegado 70.000 policías y otros agentes para 220 manifestaciones previstas, para evitar que se repitieran los enfrentamientos y saqueos del 17 de octubre.
Al final del día, el gobierno cifró la participación en unas 575.000 personas, muy por encima de las multitudes de las últimas semanas, y la policía detuvo a 448 personas. Las marchas se sumaron a una huelga nacional que afectó a escuelas, transportes y servicios públicos.
El movimiento comenzó a finales de septiembre con protestas de estudiantes por las escuelas infrafinanciadas, pero se ha ampliado hasta convertirse en un desafío más amplio al gobierno. Alumnos y profesores denunciaron la falta de personal, las aulas masificadas y los edificios deteriorados, y las quejas pronto se extendieron a los salarios, las pensiones y el precio de la vida cotidiana.
El gobierno se ha resistido hasta ahora a medidas amplias sobre el coste de la vida mientras lucha por controlar el déficit. Para los estudiantes, se ha comprometido a enviar unos 3.000 profesores, además de clases más pequeñas y 4.000 millones de euros para renovar escuelas. El salario mínimo se mantiene en 1.478 euros (1.659 dólares) netos al mes desde junio, y la CFDT, el sindicato mayoritario, pide al menos 100 euros más. La confianza de los hogares cayó en octubre a su mínimo desde junio de 2013.
Las protestas en Francia han adquirido un tono político más duro con el regreso de los chalecos amarillos a las calles. El movimiento, que sacudió Francia por primera vez en 2018, exige la salida del presidente Emmanuel Macron y de su gobierno y un nuevo proceso constitucional, una demanda mucho más amplia que las reivindicaciones con las que comenzó el malestar de otoño.
Los manifestantes dicen que seguirán protestando hasta Navidad y posiblemente hasta las elecciones presidenciales de la próxima primavera, una promesa que apunta a meses de movilizaciones. Para Macron, que dejará el cargo en las elecciones del próximo año tras una década en el poder, lo que está en juego es personal además de político. Las encuestas indican que el malestar beneficia a la candidata de extrema derecha Marine Le Pen, ya favorita, y al candidato de la izquierda radical Jean-Luc Mélenchon, que dice que Macron debería ceder ante los manifestantes o dejar el cargo.
El gobierno ha respondido con una mezcla de seguridad y concesiones. El despliegue de 70.000 agentes para las marchas del jueves mostró que pretende evitar que se repita la violencia del 17 de octubre. En política, ha señalado el envío de profesores y los 4.000 millones de euros para renovar escuelas, y estudia subir el salario mínimo.
Los críticos dicen que esas medidas solo abordan los bordes del problema. Los sindicatos sostienen que una subida muy por debajo de los 100 euros que pide la CFDT no calmará un movimiento impulsado por años de salarios estancados, y la exigencia de que Macron se vaya muestra hasta qué punto la ira ha ido más allá de cualquier reivindicación salarial concreta. Ambos pueden beneficiarse si el malestar continúa durante la campaña electoral.
Las protestas de Francia no son únicas en Europa, aunque han estado entre las mayores de una ola de manifestaciones. En Italia hubo enfrentamientos el mes pasado por los servicios públicos y el coste de la vida, mientras España y Portugal afrontan protestas por la vivienda.
Para Francia, lo que está en juego es mayor que en la mayoría de sus vecinos. Es la segunda economía más grande de la eurozona, y un malestar prolongado amenaza tanto sus planes fiscales como su prestigio ante los inversores. También está la cuestión de lo que viene después de Macron. Si las protestas ayudan a los candidatos de los extremos, el resultado podría remodelar la relación de Francia con la Unión Europea y su política fiscal.
La prueba inmediata llega el sábado, cuando un movimiento de base apoyado por algunos sindicatos celebrará una nueva ronda de manifestaciones, como cada semana desde el 17 de octubre. También se han convocado protestas paneuropeas del 20 al 22 de noviembre, y los chalecos amarillos han prometido seguir marchando hasta Navidad.
En París, la batalla presupuestaria continúa y se espera una decisión sobre el salario mínimo. Si el aumento queda muy por debajo de los 100 euros que pide la CFDT, es probable que los sindicatos mantengan la presión durante todo el invierno.
Unas 575.000 personas, según el gobierno. La policía detuvo a 448 personas.
Comenzaron a finales de septiembre con estudiantes por las escuelas infrafinanciadas, y se han ampliado a un movimiento por el coste de la vida, los salarios y los servicios públicos.
Exigen que el presidente Emmanuel Macron y su gobierno abandonen el cargo y que Francia inicie un nuevo proceso constitucional. Dicen que seguirán protestando hasta Navidad y posiblemente hasta las elecciones presidenciales de la próxima primavera.
La confianza de los hogares cayó en octubre a su mínimo desde junio de 2013, y las encuestas sugieren que el malestar beneficia a Marine Le Pen y a Jean-Luc Mélenchon.
Sí. Hay nuevas manifestaciones el sábado, como cada semana desde el 17 de octubre, protestas paneuropeas del 20 al 22 de noviembre, y los manifestantes han prometido seguir marchando hasta Navidad.
Cobertura relacionada: Protestas en Francia: 70.000 policías custodian 220 marchas y La huelga mundial de estibadores paraliza 113 puertos en 22 países. Fuentes: CNN, 5 de noviembre de 2026.