
El presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, rechazó una llamada telefónica con el presidente de Rusia, Vladímir Putin, durante una rueda de prensa conjunta con el canciller alemán, Friedrich Merz, en Berlín el martes 3 de noviembre de 2026, y afirmó que ambas partes deben sentarse a negociar y que un alto el fuego debe ser lo primero. La aparición de Zelenski en Berlín trazó una línea clara entre una conversación que describió como formal y seca y una negociación directa que podría producir pasos reales para poner fin a la guerra.
Zelenski dijo que una llamada le dejaría escuchando una vez más una lección de historia en lugar de debatir pasos reales para terminar los combates. Afirmó que un formato trilateral podría funcionar si producía pasos de desescalada, desestimó una invitación rusa a Moscú como, en la práctica, una trampa, y dijo que no tenía sentido invitar a Putin a Kyiv porque no acudiría.
Ofreció el contexto sombrío en Berlín: el ataque ruso contra un centro de ayuda humanitaria en Komyshuvakha, en la región de Zaporiyia, mató a 33 personas, con cinco rescatadas y más de 50 posiblemente aún atrapadas bajo los escombros.
La comparecencia conjunta en Berlín no fue una simple oportunidad fotográfica diplomática. Zelenski la utilizó para responder, en público, a qué tipo de contacto con Moscú merece la pena mantener en esta fase. Su respuesta fue que una llamada telefónica no lo merece: sería una representación de la diplomacia, argumentó, en la que se recita historia, no se asume ningún compromiso, no se acuerda ningún alto el fuego y no se protege a ningún civil.
Ese planteamiento rechaza la idea de una llamada como primer paso de bajo coste. Zelenski argumentó que solo una negociación cara a cara, en un formato capaz de producir desescalada, puede comprobar la seriedad de forma significativa. Una reunión trilateral de Ucrania, Rusia y Estados Unidos, con Washington como participante y no como mediador lejano, podría en principio convertir una reunión en compromisos verificables.
La guerra ha producido muchas rondas de contactos indirectos, propuestas mediadas y treguas locales de corta duración, pero ningún acuerdo global. Las propuestas de alto el fuego han tropezado repetidamente con el mismo problema: cada parte teme que una pausa sea utilizada por la otra para reagruparse, y ninguna confía en que la otra mantenga un compromiso sin verificación ni consecuencias por incumplirlo. Por eso Kyiv insiste en que el orden importa, y en que un alto el fuego es la prueba de si las conversaciones son reales.
La posición de Zelenski en Berlín se basa en una distinción sencilla entre hablar y negociar. Hablar puede hacerse a cualquier distancia y sin coste. Negociar exige personas en una sala, un texto sobre la mesa y la voluntad de cumplir lo acordado. Una llamada telefónica, desde este punto de vista, permite a un líder afirmar que hay contacto mientras evita las difíciles concesiones que solo una negociación real pone sobre la mesa.
Las propias palabras de Zelenski en Berlín fueron la declaración más clara de la posición de Ucrania. Dijo que una conversación telefónica sería una conversación formal y seca en la que volvería a escuchar una lección de historia en lugar de debatir pasos reales para poner fin a la guerra. Esa frase resume su objeción: no al contacto en sí, sino al contacto que repasa el pasado en lugar de cambiar el futuro.
En el calendario diplomático, el enviado especial de Estados Unidos, Steve Witkoff, confirmó la siguiente cita: conversaciones trilaterales entre Rusia, Ucrania y Estados Unidos en Abu Dabi los días 10 y 11 de noviembre de 2026, con una reunión sobre garantías de seguridad en Bruselas el 4 de noviembre.
Las declaraciones de Berlín importan porque configuran las expectativas para Abu Dabi antes de que nadie se siente a la mesa. Si las conversaciones se juzgan por si producen un alto el fuego y pasos de desescalada, entonces una reunión que termine solo con la promesa de seguir hablando será vista en Kyiv como un fracaso, por cálido que sea el lenguaje. Si se juzgan solo por si hubo contacto, entonces casi cualquier resultado podrá presentarse como progreso.
El paso inmediato es la reunión sobre garantías de seguridad en Bruselas el 4 de noviembre de 2026, donde los aliados debatirán cómo podría ser en la práctica el respaldo a Ucrania. Unas garantías más sólidas y concretas hacen más fácil aceptar un alto el fuego, porque Ucrania tendría motivos para creer que una pausa se mantendría.
Después llega Abu Dabi los días 10 y 11 de noviembre, donde representantes de Rusia, Ucrania y Estados Unidos deben reunirse en formato trilateral. La cuestión central será si esa reunión puede pasar de declaraciones generales a pasos concretos de desescalada, incluido un alto el fuego, y si algún acuerdo incluye verificación.
¿Qué rechazó Zelenski en Berlín? Una conversación telefónica con Vladímir Putin, que según dijo sería formal y seca y estaría dominada por una lección de historia en lugar de pasos reales para poner fin a la guerra.
¿Qué quiere Zelenski en su lugar? Una negociación cara a cara, con un alto el fuego como primer paso, y un formato trilateral que produzca pasos de desescalada.
¿Por qué calificó una invitación a Moscú como una trampa? Argumentó que viajar a Moscú entregaría a Rusia una victoria simbólica sin asegurar un alto el fuego ni ningún paso concreto hacia la paz.
¿Qué dijo sobre Komyshuvakha? Que el ataque mató a 33 personas, con cinco rescatadas y más de 50 posiblemente aún atrapadas bajo los escombros.
¿Qué ocurre a continuación? Una reunión sobre garantías de seguridad en Bruselas el 4 de noviembre de 2026, seguida de conversaciones trilaterales entre Rusia, Ucrania y Estados Unidos en Abu Dabi los días 10 y 11 de noviembre.
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