Los ataques de Irán contra bases de EE. UU. en Oriente Medio siguieron un patrón deliberado, según una importante investigación de Associated Press publicada el 31 de octubre de 2026: primero los sistemas diseñados para detectar ataques entrantes y después los aviones, hangares y edificios que protegían. La AP afirma haber verificado de forma independiente daños de más de 115 ataques con drones y misiles reivindicados por Irán o por milicias respaldadas por Irán, ataques que dañaron o destruyeron estructuras en 26 bases militares estadounidenses y otros sitios con equipo de EE. UU. hasta agosto de 2026, con un coste de miles de millones de dólares.
Los hallazgos llegan a los ocho meses de una guerra en la que Washington ha revelado poco sobre el coste para sus propias fuerzas, y en un momento en que la diplomacia y la presión militar avanzan en paralelo. No muestran, subraya la AP, que la infraestructura militar estadounidense en la región haya quedado paralizada. Lo que muestran es un daño físico extenso y una reconfiguración significativa de la presencia militar de EE. UU. en el Golfo.
La investigación de Associated Press, publicada el 31 de octubre de 2026, se basa en imágenes satelitales de varios proveedores, incluido OneAtlas, un servicio propiedad de Airbus, y en entrevistas con cuatro funcionarios regionales informados sobre los daños o con conocimiento directo de lo ocurrido. La AP comparó imágenes a lo largo del tiempo para verificar daños que, según dice, van más allá de lo aparecido en revisiones independientes, incluida una revisión del inspector general del Pentágono.
Las cifras principales son contundentes. Hasta agosto, más de 115 ataques reivindicados por Irán o por milicias respaldadas por Irán dañaron o destruyeron estructuras en 26 bases militares y otros sitios con equipo estadounidense. Solo del 1 de abril al 30 de junio, la AP halló cientos de edificios y estructuras dañados y destruidos en bases de EE. UU. Un informe del Servicio de Investigación del Congreso actualizado en octubre identificó 15 aviones estadounidenses dañados en bases regionales.
El método, tal como lo describe la AP, fue secuencial. Irán se concentró primero en los hangares de aviones y en los sistemas que detectan ataques entrantes, incluidos los radares de alerta temprana. Solo después de degradar esas defensas, la campaña se amplió a almacenes, viviendas de tropas, equipos de comunicaciones, infraestructura de combustible y aviones. N.R. Jenzen-Jones, director de la consultora de inteligencia técnica Armament Research Services, dijo a la AP que los ataques parecían diseñados para debilitar la capacidad de las fuerzas estadounidenses y aliadas para responder a ataques posteriores.
La guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán dura ya unos ocho meses, y la investigación de la AP es el recuento público más completo hasta ahora de lo que ha costado a la presencia militar estadounidense en la región. La Administración Trump y el ejército de EE. UU. han facilitado pocos detalles sobre el coste en personas y equipo, informa la AP, y en ocasiones se han aplicado medidas que dificultaron la revisión externa, incluidos retrasos en la publicación de imágenes satelitales comerciales. Los principales proveedores con contratos de EE. UU. han bloqueado o retrasado la publicación de imágenes a petición de funcionarios estadounidenses, que a veces alegaron la seguridad nacional. Eso dejó a la AP dependiendo en parte de imágenes de OneAtlas para completar su evaluación.
Los hallazgos por base dan forma a la campaña. En Camp Buehring, en Kuwait, una de las instalaciones más afectadas, la AP halló más de 30 estructuras dañadas o destruidas entre marzo y agosto. En la base aérea de Ali Al Salem, en Kuwait, al menos 15 hangares resultaron dañados. En la base aérea de Al Dhafra, a unas 20 millas al sur de Abu Dabi, repetidos ataques al inicio del conflicto dañaron hangares, otras infraestructuras y equipos, incluido un radar de alerta temprana y drones de vigilancia.
Entre las pérdidas individuales más importantes, informa la AP, estuvo un radar en Jordania que habría sido destruido. Según el fabricante Raytheon, el Ejército de EE. UU. posee solo 13 de estos sistemas especializados en todo el mundo, y los documentos presupuestarios indican que cada uno cuesta aproximadamente 500 millones de dólares. Los daños en otros lugares incluyeron aviones de reabastecimiento en vuelo y un avión de vigilancia E-3, según la cobertura de la investigación.
La secuencia es la idea central de la investigación. Los sistemas de alerta temprana son los ojos de cualquier red de defensa aérea: si se ciegan, las oleadas posteriores llegan con menos aviso y encuentran menos resistencia. La AP halló ese patrón repetido en toda la región, con hangares y sistemas de detección atacados primero, seguidos por ataques contra la infraestructura más blanda que hay detrás, desde almacenes hasta alojamientos de tropas.
Ese patrón también explica el efecto de segundo orden que documenta la AP: el movimiento. Dos funcionarios regionales dijeron a la AP que Washington ha retirado activos militares importantes del Golfo Pérsico, incluidos aviones, sistemas de defensa aérea, equipos de comunicaciones y otras infraestructuras esenciales. El Pentágono dijo a la AP que las fuerzas y bases de EE. UU. siguen bien protegidas, mientras que el Mando Central de EE. UU. se negó a ofrecer un recuento detallado de los daños, alegando habitualmente la seguridad operativa.
Conviene tener presentes los propios límites de la investigación. La AP no concluyó que los ataques iraníes paralizaran la infraestructura militar de EE. UU. en la región. Sus hallazgos muestran daños extensos y una reconfiguración significativa de la presencia, no un colapso. Los ataques contabilizados son los reivindicados por Irán o por milicias respaldadas por Irán y verificados con imágenes; el recuento de la AP llega hasta agosto, por lo que no recoge los meses más recientes de la guerra.
La respuesta del Pentágono, según informa la AP, fue que las fuerzas y bases de EE. UU. siguen bien protegidas. El Mando Central se negó a dar un recuento detallado de los daños. Esa reticencia es en sí misma parte de la historia que cuenta la AP: sin un recuento público completo por parte del ejército, el análisis satelital y las entrevistas con funcionarios ofrecen, en palabras de la AP, la única panorámica general del efecto de la campaña.
Funcionarios regionales que hablaron con la AP describieron una postura estadounidense que se ha desplazado en lugar de mantenerse inmóvil, con activos retirados de las posiciones más expuestas del Golfo. La evaluación de la consultora citada por la AP, de N.R. Jenzen-Jones, director de Armament Research Services, presenta el enfoque iraní como un esfuerzo deliberado para degradar la capacidad de respuesta antes de ampliar el conjunto de objetivos.
La investigación también llega mientras continúa la vía diplomática. El ministro de Exteriores de Irán ha descrito el reciente acercamiento de EE. UU. como un paso positivo, aunque dice que Teherán aún no ve necesario reunirse con funcionarios estadounidenses, y una delegación iraní sigue trabajando en Doha a través de mediadores cataríes, incluso mientras los incidentes militares en el Estrecho de Ormuz siguen poniendo a prueba el frágil espacio entre las conversaciones y los combates.
La investigación de la AP importa porque sustituye la impresión por la medición. Durante meses, el debate público sobre la guerra con Irán se ha desarrollado a base de afirmaciones y réplicas, con pocas pruebas sólidas sobre lo que absorbieron realmente las bases estadounidenses. Un recuento verificado de más de 115 ataques dañinos en 26 sitios, con pérdidas de equipo de miles de millones de dólares, da a ese debate un suelo fáctico y reformula la pregunta que enfrenta Washington: no si las bases sobrevivieron, sino cuánto cuesta mantenerlas donde están y qué significa el desplazamiento de la presencia para la disuasión en el Golfo.
También importa para la próxima fase de la guerra. Si los sistemas de alerta temprana fueron los objetivos prioritarios, entonces la defensa aérea, la dispersión y la redundancia, y no solo la potencia de fuego, se convierten en las inversiones decisivas. Y si EE. UU. ya ha retirado activos importantes del Golfo, como dijeron a la AP funcionarios regionales, cualquier nueva acción estadounidense contra Teherán, que según los informes está considerando el presidente Donald Trump, se lanzaría desde una postura distinta a la que tenía al inicio de la guerra.
Hay tres cosas que conviene observar. Primero, si el Pentágono o el Mando Central ofrecen un recuento más completo en respuesta a los hallazgos de la AP o mantienen su política de no hacer comentarios detallados. Segundo, si la apertura diplomática en Doha produce una reunión o una propuesta lo bastante concreta como para pausar el ciclo de ataques, o si la vía militar se endurece aún más. Tercero, si las pruebas satelitales de los meses posteriores a agosto, cuando estén disponibles, muestran que la campaña continúa al mismo ritmo o se modera a medida que avanzan las conversaciones.
Por ahora, el registro satelital de la AP constituye la medida pública más clara de una campaña de ocho meses: metódica al principio, más amplia a medida que se debilitaban las defensas y costosa en formas que solo ahora empiezan a verse.
Más de 115 ataques con drones y misiles reivindicados por Irán o por milicias respaldadas por Irán dañaron o destruyeron estructuras en 26 bases militares y otros sitios con equipo estadounidense hasta agosto de 2026.
Radares de alerta temprana y hangares de aviones, según la AP, antes de ampliarse a almacenes, viviendas de tropas, comunicaciones, infraestructura de combustible y aviones.
Miles de millones de dólares en daños de equipo, incluido un radar en Jordania que habría sido destruido y que, según la AP, es uno de solo 13 sistemas de ese tipo en el inventario del Ejército de EE. UU., a unos 500 millones de dólares cada uno.
No. La AP no concluyó explícitamente que los ataques iraníes paralizaran la infraestructura militar de EE. UU.; halló daños extensos y una reconfiguración significativa de la presencia de EE. UU. en la región.
Porque Washington ha publicado pocos detalles y las imágenes satelitales comerciales fueron a veces bloqueadas o retrasadas; la AP utilizó imágenes de varios proveedores, incluido OneAtlas, además de entrevistas con cuatro funcionarios regionales.
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